Una de las panaderías más emblemáticas de Framingham anunció su cierre definitivo después de más de cien años de operaciones ininterrumpidas. La noticia sorprendió a residentes que crecieron comprando allí.
El negocio, administrado por varias generaciones de una misma familia, era conocido por sus recetas tradicionales y productos artesanales elaborados diariamente.
Durante décadas, el establecimiento fue punto de encuentro para vecinos, especialmente durante festividades y celebraciones locales.
Los propietarios explicaron que factores económicos, el aumento de costos operativos y la falta de relevo generacional influyeron en la difícil decisión.
Clientes habituales acudieron en masa durante los últimos días para despedirse y adquirir productos por última vez, formando largas filas en la entrada.
En redes sociales, antiguos trabajadores compartieron recuerdos y fotografías que reflejan la importancia cultural del lugar en la comunidad.
El cierre representa no solo la pérdida de un negocio, sino también de un símbolo histórico que formó parte de la identidad local durante más de un siglo.
